Los componentes están en Figma: medidos, ordenados, con sus variantes. Pero cuando alguien pregunta cuánto mide el botón o qué token lleva el fondo, la respuesta vive en la cabeza de una persona.
Se lee el archivo, no se modifica. Ves el resultado antes de publicar.
Nadie decide no documentar. Se empieza, se hace la mitad, cambia un componente, y a las tres semanas el documento miente.
Abrir cada componente, copiar medidas, radios y tokens a mano, y redactar la ficha. Multiplicado por treinta componentes.
El primer cambio en Figma que nadie replica. A partir de ahí, cada consulta hay que verificarla contra el archivo.
Un archivo de Figma no se consulta: se abre, se busca y se interpreta. Un sitio con buscador, sí.
Cada medida que escribirías a mano ya está declarada: el alto, el radio, el padding, el token del fondo, el estilo de texto de la etiqueta.
Míralo funcionando: cada paso se reproduce solo, y puedes saltar al que quieras.
Un esquema numerado de las partes, con cotas. Se dibuja desde la geometría del componente: no es una captura, y se redibuja solo cuando cambia.
Todas las combinaciones que existen en el archivo, en una matriz. Si alguien agrega un estado, aparece solo en la siguiente lectura.
Tamaño, radio, padding, separación, el token de cada color y el estilo de texto de cada capa. Copiado del archivo, no transcrito.
Cuándo usarlo y cuándo no. Esto no está en el archivo: se propone y nace marcado como borrador, hasta que alguien de tu equipo lo apruebe.
Cada hallazgo viene con la evidencia que lo respalda. Si no podemos mostrar el dato, no lo reportamos.
41 capas en 9 componentes. El mínimo para texto normal es 4,5:1.
Hoy no se nota porque el valor coincide. El día del modo oscuro, sí.
Dos componentes hermanos con el mismo propósito ofrecen estados distintos.
El resto del archivo sí usa las variables declaradas. Esto es lo que ya está bien.
La tentación de una herramienta así es rellenar los huecos con texto que suena bien. Mira qué parte de una página sale medida del archivo y qué parte se propone.
Sale tal cual de Figma. Si cambia allá, cambia acá — y si no está en el archivo, no aparece.
Generar la primera versión es fácil. Lo difícil es que siga siendo cierta en marzo. Abre un cambio para ver qué se movió.
Generar la documentación es un momento. Mantenerla es un trabajo que sigue corriendo todas las semanas.
Las tres primeras son gratis, sin límite de tiempo. Se paga cuando el trabajo deja de ser puntual.
Ves todo lo que se encontró y el resultado completo antes de decidir si lo publicas.
Se lee el archivo, no se modifica.